Breve historia de la Ingeniería Química

La aparición de la profesión de ingeniero químico puede establecerse entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Históricamente, en Europa ha finalizado la guerra franco-prusiana y en Estados Unidos su guerra civil. Es la época del imperialismo colonial que desembocaría en la I Guerra Mundial, así como del nacimiento de los grandes monopolios: Du Pont, General Motors, Krupp, Schneider Creusot, Imperial Chemical, I.G. Farben, etc., consecuencia de la revolución científica y, en mayor medida, de la protección otorgada por las leyes de patentes.

“La Universidad de Valladolid fue primera universidad española en impartir la titulación de ingeniería química en 1992 y, en 2000, en conseguir de la “Institution of Chemical Engineering”(IChemE) la acreditación de la titulación.”

M.J. Cocero Alonso

“La aparición de la profesión de ingeniero químico puede establecerse entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX.”

En el caso de la ingeniería química, la perspectiva histórica de su evolución resulta ilustrativa de los avances de la industria química, de las necesidades de formación que se producían y cómo se introdujeron en las universidades. En palabras de D.F. Noble “desde sus comienzos la Ingeniería Química se creó para satisfacer las demandas de la creciente industria de productos y procesos químicos. Los químicos industriales que instaron a la American Chemical Society a crear la Division of Industrial and Engineering Chemistry en 1908, también fundaron el American Institute of Chemical Engineering (AIChE) ese mismo año para establecer sus propios criterios sobre la competencia profesional. Su experiencia dentro de las compañías industriales les había enseñado que los químicos, formados en la ciencia, pero poseedores de escasos conocimientos sobre los principios de la ingeniería o sobre las técnicas gerenciales, no podían satisfacer por sí solos las demandas de la industria”. (El diseño de Estados Unidos. La ciencia, la tecnología y la aparición del capitalismo monopolístico”. Centro de publicaciones del Mº de Trabajo y Seguridad Social. Madrid (1987)).

El nuevo pensamiento químico, que surge con la aplicación sistemática del método cuantitativo y la promulgación de la  ley de Lavoisier sobre la conservación de la materia, aporta el combustible de la revolución industrial que sembró Europa de telares, fábricas de jabones y vidrios. Un grupo brillante de investigadores franceses, muchos de ellos discípulos directos de Lavoisier, compuesto por Proust, Berthollet, Gay-Lussac, etc., y otros científicos de distintos países, como Wollaston, Wenzel, Richter, Berzellius, Dalton, Davy, Whöler, Liebig… y muchos más, proporcionarían a la química, desde 1780 a 1830, aportaciones decisivas para el desarrollo de la misma. Entre las más importantes, en el terreno de las aplicaciones industriales, estaría el procedimiento descubierto por Leblanc en 1790 para la obtención de la sosa cáustica, que venía a sustituir con enormes ventajas a la “barrilla” o sosa natural, empleada hasta entonces como producto clave en la industria textil. Si bien, en cierto sentido, el nacimiento de la industria química arrancaría de 1749, en Escocia, con la fabricación de ácido sulfúrico mediante el sistema de las cámaras de plomo.

“…en el terreno de las aplicaciones industriales, estaría el procedimiento descubierto por Leblanc en 1790 para la obtención de la sosa cáustica”

Liebig, alumno de Gay-Lussac, a su vuelta a Alemania fundó la primera escuela científica de química en la Universidad de Giessen, entre 1820 y 1830. Su influencia fue tan grande, que sus ayudantes y alumnos se esparcieron por toda Alemania e incluso a Inglaterra, donde su ayudante Hofmann fundaría The Chemistry Royal College. Aunque Alemania había desarrollado su industria química inorgánica más tarde que Inglaterra, la ciencia no había sido un factor crítico para su desarrollo en ninguno de los dos países. Sin embargo, la química era la base de la incipiente industria química orgánica y las universidades alemanas descollaban en este campo. Llegaron estudiantes de todo el mundo, incluso de Estados Unidos para estudiar allí. En Estados Unidos, las universidades con vocación científica e investigadora (Johns Hopkins, Yale, Harvard…) no surgieron hasta finales del siglo XIX. El Massachusetts Institute of Technology (MIT) fue fundado en 1861 y para 1903 ya impartió su primer título de doctor. Sin embargo, en comparación, los departamentos de química de las universidades alemanas impartían el doctorado desde los tiempos de Liebig. No es de extrañar que la industria química alemana, que comenzó con la química de los colorantes, dominara a nivel mundial hasta la I Guerra Mundial. Curiosamente, no se enseñaba ingeniería en las universidades alemanas; ésta se impartía en los institutos técnicos y solamente después de la II Guerra Mundial recibirían el título de universidades técnicas.

En Francia, Cathala funda en Toulouse, en 1949, el primer centro superior de ingeniería química, Institut de Génie Chimique de Toulouse. En Nancy, aunque se creó la Ecole Nationale Supérieur des Industries Chimiques en 1887, no contó con cátedras específicas de ingeniería química hasta 1952. Posteriormente, es en Italia, en la Universidad de Padua, donde se introducen estas enseñanzas.

La demanda de ingenieros químicos creció a lo largo de los años 20 de tal forma que en el MIT los graduados en ingeniería química superaban ampliamente a los graduados en química, en contraste con la situación previa a la I Guerra Mundial. Aun cuando las compañías químicas, se percataron de la importancia de la ingeniería química, el aumento real de la profesión en los Estados Unidos estuvo ligado al crecimiento de la industria del petróleo, creándose una situación muy diferente de la europea. Debido al aumento espectacular del uso del automóvil, era esencial desarrollar un método para producir volúmenes mucho mayores de gasolina que con el método primitivo de craqueo térmico por cargas. En 1919, la Esso, parte de la Standard Oil Trust, (disuelta por el decreto antimonopolio de 1911), creó su departamento de Investigación e Ingeniería, cuyo director acudió en solicitud de ayuda al departamento de ingeniería química del MIT. A partir de aquí se produjo un estrecho intercambio entre las aplicaciones industriales de la rectificación en continuo y el desarrollo de la disciplina.

El primer libro de texto de esta nueva disciplina apareció en 1923, “Principios de Ingeniería Química”, de Walker, Lewis y McAdams, profesores del citado departamento del MIT. Algo similar a la evolución de la química y la industria de los colorantes del siglo pasado en Alemania, la disciplina estaba desarrollando su propia lógica interna en los círculos académicos, basada en las operaciones básicas de Little, y moldeada por las necesidades de la industria. Eso sí, fundamentalmente dedicada a operaciones físicas: destilación, transferencia de calor, termodinámica, flujo de fluidos, molienda, filtración, evaporación y similares. La ingeniería de las reacciones químicas no apareció hasta el libro de Hougen y Watson, Chemical Engineering Principles: Kinetics and Catalysis, en 1947. Entre medias, aparecen excelentes monografías sobre operaciones unitarias, como, por ejemplo, Elements of Chemical Engineering de Badger y McCabe (1927), Industrial Chemical Calculations de Hougen y Watson (1931), Handbook of Chemical Engineering de Perry (1934), Chemical Process Principles. Part II Thermodynamics de Hougen, Watson y Ragatz (1936), Chemical Engineering Thermodynamic de Dodge. (1944), y, posteriormente, Unit Operations of Chemical Engineering de Brown (1950). En esta última obra, las operaciones unitarias aparecen ya agrupadas según el tipo de magnitud transferida, materia, energía o cantidad de movimiento.

El primer libro de texto de Ingeniería Química apareció en 1923, “Principios de Ingeniería Química”, de Walker, Lewis y McAdams, profesores del MIT.

En España, la evolución fue completamente diferente. La formación de los profesionales de la industria química se ha venido impartiendo desde  los estudios de ingeniería industrial y desde las facultades de químicas. Las escuelas industriales se crean en 1850, sus estudios estaban organizados  en tres grados: elemental, de ampliación y superior; con el de ampliación se obtenía el título de ingeniero mecánico de segunda clase o de ingeniero químico de segunda clase y, con el superior, se obtenía el título de ingeniero mecánico de primera clase o de ingeniero químico de primera clase. Hay que esperar a los años veinte para que se creen las primeras cátedras de  química técnica  inicialmente en las facultades de químicas. En la Universidad de Valladolid, la primera promoción de químicos, del año 1942, recibiría enseñanzas de química técnica en quinto curso, de acuerdo con el plan de 1935, siendo su primer catedrático de química técnica J.L. Gutiérrez Jodra. Este tipo de desarrollo, la procedencia de departamentos de química, no es ajeno en la ingeniería química de todo el mundo. De hecho, en los Estados Unidos, por ejemplo, 56 departamentos de ingeniería química proceden de departamentos de química, y sólo 16 empezaron como departamentos de ingeniería química desde un principio. El Plan de 1922 continuó vigente, tras el período de la guerra civil hasta 1944. Sin embargo, con la incorporación del profesor Rius a la cátedra de química técnica de la Universidad de Madrid, comienzan a impartirse en España las primeras enseñanzas de ingeniería química propiamente dicha, la nueva orientación marcada serán muy importante para el posterior desarrollo de la ingeniería química en España. De su magisterio saldrán J. L. Gutiérrez Jodra, que introduce los estudios de ingeniería química en Valladolid; J. Ocón García en Santiago de Compostela; E. Costa Novella en Valencia, y J. L. Martínez Moreno en Sevilla. En el año 1944 en la Universidad de Madrid se empieza a impartir el doctorado en química industrial. En las universidades públicas, en 1953, se modifican los Planes de Estudios de la licenciatura de Ciencias Químicas, instituyéndose la doble orientación a la carrera: la orientación industrial y la orientación pedagógica. En 1955 se autoriza a los doctores en química industrial a la firma de proyectos de instalaciones industriales. En 1957 con la Ley de Ordenación de las Enseñanzas Técnicas se intensifican los planes de estudio de las ingenierías técnicas en disciplinas de química e ingeniería química.

Siendo la Universidad de Valladolid la primera universidad española en impartir la titulación de ingeniería química en 1992 y, en 2000, en conseguir de la “Institution of Chemical Engineering”(IChemE) la acreditación de la titulación.

Desde el punto de vista académico, esto es, ciñéndose estrictamente a los planes de estudio, el último renglón de la historia de la ingeniería química en España se  escribió con la aprobación de la titulación en “ingeniería química”. Siendo la Universidad de Valladolid la primera universidad española en impartir la titulación de ingeniería química en 1992 y, en 2000, en conseguir de la “Institution of Chemical Engineering”(IChemE) la acreditación de la titulación.

María José Cocero Alonso

Catedrática de Ingeniería Química

 Extracto del artículo: M.J. Cocero y J.M. Díez, Los orígenes de la Ingeniería Química. Ingeniería Química,  173-181 octubre 2000.

 

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